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El nuevo edificio del PARQUE DE BOMBEROS DE SANTANDER, en Ojaiz.
Al visitar cualquier ciudad española o extranjera se percibe, al ver sus edificios emblemáticos, el tipo de ciudad que encontramos: su Ayuntamiento, el Mercado, equipamientos, bibliotecas, elementos urbanos como grandes esculturas o jardinería pero, de forma muy especial, su edificio de bomberos nos deja entrever esa ciudad.
No se concibe una ciudad moderna con un antiguo parque de bomberos, o una ciudad culta sin museos, entre ellos el de bomberos, o una ciudad que se ocupa de sus ciudadanos con un obsoleto edificio de bomberos, así podríamos seguir con innumerables calificativos que, en definitiva, nos permiten concluir la relación intima entre el parque de bomberos y su ciudad. El edifico muestra muchas connotaciones de la ciudad, su calidad, el cuidado a sus ciudadanos, la inquietud por la protección ambiental, su cultura y reconocimiento a su historia.
Al proyectar en Ojaiz el nuevo edificio del parque de bomberos de Santander no se han podido ni querido eludir estos criterios. Esta ciudad ha sufrido grandes catástrofes en pocos años, muchas relacionadas con incendios, y otras con salvamentos por derrumbes o atentados terroristas. Los bomberos siempre han estado ahí, no sólo como piensa la mayoría de los ciudadanos, apagando fuegos, sino arriesgando sus vidas en catástrofes. Se nos viene a la memoria, además del famoso incendio y explosión del Machichaco, el derrumbe del hotel Bahía, los recientes del Cabildo de Arriba, los atentados terroristas del edificio de Vargas, o del Marítimo, entre otros muchos.
Para realizar esta función con eficacia y profesionalidad se necesitaba un edificio acorde con lo que es la ciudad de Santander y con la seguridad ciudadana que disfrutamos los santanderinos, pero un edificio acorde es tan solo un mínimo y con el nuevo edificio hemos pretendido un “máximo”. Un mínimo pudiera ser un edificio para que los bomberos actúen con la inmediatez que requieren, que puedan permanecer en él con la máxima dignidad y con las prestaciones necesarias para su adecuada y continuada formación. Este mínimo se ha superado ampliamente con el nuevo edificio, los que lo hemos proyectado nos hemos visto invadidos por el espíritu de los bomberos, por su profesionalidad, ansias de superación y sacrificio y ésto tiene su espacio propio en el edificio.
Se está construyendo un conjunto conforme a su proyecto o idea, con unos contenidos, prestaciones y tamaños, que si consideramos la proporción con la población a la sirven y el territorio de su demarcación, lo hacen uno de los mejores parques de bomberos europeos, No existen barreras arquitectónicas y las instalaciones de que dispone son abundantes, pioneras en tecnología y de calidad sobrada para el contenido.
El edificio, consciente de la ciudad en que se encuentra, hace un reconocimiento de su historia y plantea un museo de importantes dimensiones en un edifico exento y específico para ello, en dos plantas para mostrar todos los fondos que dispone. La baja para vehículos y utensilios, la alta para abundante documentación histórica gráfica y escrita, así como restos recogidos en distintas intervenciones.
El resto del conjunto del parque lo constituyen tres edificaciones. La más simbólica, la torre de maniobras, no por simbólica está exenta de funcionalidad. Con 7 plantas y 21 mts de altura y construída en hormigón visto, permite simular cualquier situación en posibles intervenciones, incluso con incendios provocados en la misma torre y descensos rapelando desde la máxima altura.
Los otros dos edificios, ambos exentos, son los que constituyen la gran calidad del Parque de Bomberos de Santander. Uno de ellos para los vehículos, con 16 salidas simultaneas, con taller y mantenimiento e instalaciones pioneras como extracción forzada de Co2 de los tubos de escape. En este edificio tambien se sitúan los 15 dormitorios para 90 bomberos, además de los servicios de urgencia y recepción de llamadas. Está construido con mucha altura en la nave y en sus 16 puertas, un sistema constructivo de gran calidad en hormigón visto blanco con distintas texturas, iluminación natural y abundantes instalaciones específicas.
El edifico social y de formación de bomberos, no tanto por sus usos o espacios, sino por cómo está tratado cada uno de ellos y en su conjunto, se puede catalogar de excepcional. Tiene tres plantas que diferencian los usos, la funcionalidad acompañada de inmediatez y las intensidades de ocupación. La planta del sótano tiene vestuarios y áreas de entrenamiento para lo que dispone de piscina de pruebas y ejercicios de 7,5 mts ancho x 15 mts de largo y 3 mts de profundidad, los ejercicios en la piscina se observan desde una cristalera en una planta inferior, hay áreas de ejercicios complementarios de las inmersiones y natación, salas de pruebas entre la que destaca la de humos con laberinto de dificultad máxima.
La planta superior dispone de un excepcional espacio en doble altura para cafetería, tambien comedor, barra, cocina y cámaras de 265 m2, sala de conferencias y, en su caso, de formación para 110 personas, administración y dirección, laboratorios, servicio médico y reposo, aulas y áreas para sargento y cabo, con despachos, dormitorios y baño. La planta superior con despachos, aulas de formación, laboratorios de prevención, gimnasio de aparatos de 350 m2, sala de reuniones, biblioteca y vivienda. Como hemos dicho, estos espacios destacan por su tamaño y sobre todo por su tratamiento. Las instalaciones son máximas, no hay espacios con barreras arquitectónicas, ascensor en todas las plantas y aire acondicionado en todos los espacios. Finalmente las fachadas con una doble fachada de lamas de madera que proporcionan un microclima y una intimidad a los ocupantes sin restar ni iluminación ni vistas, casi más propia de edificios singulares y representativos que de este edificio.
El parque así concebido, como un conjunto de cuatro edificios con cometidos y arquitecturas diferenciadas, con el máximo de prestaciones y gran calidad y durabilidad de materiales, responde a la calidad de la ciudad a la que sirve y solo nos resta decir que está hecho por dos arquitectos, padre e hija, que han puesto el máximo de interés e ilusión en su construcción, documentándose con profusión para obtener el mejor resultado posible.
Fdo Alejandra Saiz Valencia y José Ramón Saiz Fouz. Arquitectos.