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La violencia doméstica ha dejado de ser hoy, una cuestión privada para convertirse en objeto de debate en todas las áreas de la sociedad y en una preocupación constante de las Administraciones Públicas que están decididamente unidas para luchar contra el maltrato, poniendo cada una de ellas las medidas que estén a su alcance para combatir esta situación.
El Ayuntamiento de Santander, como administración más cercana al ciudadano, ni quiere ni puede permanecer ajeno a esta situación y, desde hace tiempo, viene trabajando para dotar a cualquier potencial víctima de la violencia doméstica, de mecanismos suficientes que ayuden a salvar esta indeseable situación.
Así, se ha puesto en marcha ya un protocolo de actuación para que cada uno de los servicios municipales susceptibles de colaborar en los casos de violencia doméstica: Centro de Información y Asesoramiento a la mujer, Policía Local, Unidades de Trabajo Social (UTS), etc... sepan que pasos tiene que seguir.
El Ayuntamiento de Santander ha sido además, pionero en España a la hora de poner a disposición de las víctimas de la violencia, teléfonos móviles corrientes en apariencia, pero que en realidad, ocultan un localizador GPS que, activado en situaciones de peligro, permiten a la Policía acudir inmediatamente en auxilio de la víctima.
Estas son, sin duda, aportaciones que algunos podrían considerar pequeñas, pero cuyo beneficio puede ser muy grande para las víctimas de los malos tratos. Como indicaba al principio, la violencia doméstica ha dejado de pertenecer al ámbito de lo más privado. Y así, han comenzado ya a eliminarse los tabúes que nos impedían, al conjunto de la sociedad, hablar con libertad de este grave problema y debatir sobre él, en aras de hallar soluciones, y a las Administraciones tomar decisiones que ayuden a paliar con eficacia las graves consecuencias que del maltrato físico o psicológico, se derivan.
Pero aún queda un largo camino por recorrer. Es necesario crear una nueva cultura educativa en este sentido, concienciar de la violencia y, a quienes conozcan a personas que atraviesan esta situación, que la mejor forma de defenderse es la palabra y la denuncia y que silenciar una situación de estas características puede convertirse a la larga, en la peor y más arriesgada de las decisiones.
Una de las principales causas de este fatal silencio es probablemente el miedo. Un miedo no ya sólo a la persona que maltrata, sino un miedo a enfrentarse a lo desconocido, a no saber como actuar, a no saber que es lo que puede ocurrir, económica, judicial o personalmente, tras una denuncia. Miedo, en definitiva, a verse desamparado.
Esta guía no es, porque no puede serlo, una varita mágica contra el maltrato, pero sí un buen cauce de información y habrá cumplido su objetivo si una sola persona, víctima del maltrato, logra salir de esa situación.
Hace referencia a la agresión que se produce en el ámbito familiar o doméstico por parte de una persona que mantiene un vínculo afectivo con la víctima.
El maltrato consiste tanto en el daño como en la amenaza de causar daño a la persona, sus hijos o a los bienes apreciados por ésta por parte de su cónyuge, excónyuge o pareja con la que se esté viviendo, haya convivido o procreado un hijo o hija, se hubiera mantenido o se mantenga en la actualidad una relación afectivo - sexual
La violencia doméstica es una forma particularmente perversa de violencia. Allí donde las personas debieran sentirse más seguras, la familia, es donde a menudo sufren el terror del abuso físico, psicológico, sexual y económico.
Al mantener de forma constante y repetida actitudes de:
Todo lo que suponga menoscabar la identidad y la estima de la persona ante terceros:
Limitaciones al acceso y manejo de bienes comunes como:
Utilizando el chantaje y la manipulación para lograr sostener relaciones sexuales o todo tipo de conducta de carácter sexual que se lleva a cabo en contra de la voluntad de la persona agredida:
La violencia dentro del espacio doméstico se desarrolla mediante ciclos donde:
ACUMULACIÓN DE TENSIÓN: Las agresiones son leves y los incidentes poco frecuentes, suelen ser pérdidas de respeto verbales. La víctima suele servirse de estrategias para eludir la agresividad de su pareja y ésta interpreta esa actitud como una sumisión a su autoridad, ya que a su conducta no le siguen consecuencias negativas.
EXPLOSIÓN VIOLENTA: Se pasa directamente a imponer los criterios y a discutir sobre cómo deben ser las cosas; aparecen los gritos, insultos y amenazas. Se produce una agresión más intensa, los incidentes se convierten en periódicos y las lesiones son más graves. La persona víctima de la misma cesa en su actitud y el/la agresor/a se refuerza en su posición, ya que ha acabado con la situación que le molestaba. Esta fase puede durar días. Acaba cuando se toma conciencia de la gravedad de los hechos.
ARREPENTIMIENTO: La persona agresora se hace perdonar, se muestra amable, se da cuenta del daño realizado y muestra arrepentimiento, por el daño inflingido. La víctima aliviada por el cese de la agresión cree, o quiere creer, que se ha tratado de una “pérdida de control” momentánea por parte de su pareja y que no se va a repetir. Se produce un intenso acercamiento afectivo entre la pareja que puede terminar en una relación sexual.
Las fases del ciclo de violencia se repiten, la intensidad y la gravedad de las agresiones aumenta con el tiempo.
Si estás siendo víctima de malos tratos lee lo que viene a continuación, puede ayudarte:
Parece muy complicado salir pero en la vida se puede elegir.
La consecución de los objetivos personales es el camino a la felicidad; depende siempre de cada quien y cada quien tiene la capacidad y la obligación de conseguir su propia felicidad.